Expresidente Giscard, uno de los grandes reformadores de Francia y Europa ha fallecido a los 94 años de edad

Hospitalizado en Tours, desde mediados del mes de noviembre, Valery Giscard d’Estaing (Coblenza, 1926) falleció la noche del miércoles. Fue uno de los grandes constructores de la Europa política y económica, uno de los más grandes modernizadores de la historia política de Francia.

Nacido en el seno de una familia de la más alta burguesía acomodada, inspector de finanzas, formado en las grandes escuelas, Giscard fue el más joven y brillante de los ministros de finanzas del general de Gaulle y de Georges Pompidou.

Liberal reformista, fue, a su manera, uno de los grandes patriarcas del «reformismo autoritario» de la tradición, que hoy encarna Emmanuel Macron, precedido por Luis XIV, Bonaparte y de Gaulle.

Insensible al conservadurismo bonapartista del general de Gaulle, creó en 1974 un minúsculo grupúsculo, el Partido Republicano (PR), con el que conquistó el poder supremo, la presidencia de la República, en 1974, enfrentándose a cara de perro, con frecuencia, al conservadurismo tradicional y a todas las izquierdas.

Durante su presidencia, entre 1974 y 1981, Giscard realizó una obra social, política y cultural, nacional y europea, de inmenso calado.

En la escena nacional, modificó la legislación electoral, favoreciendo la emergencia de un electorado joven y femenino. Liberalizó parcialmente el mercado del trabajo. Inició la grandes reformas del sistema nacional de pensiones. Propuso introducir la posibilidad de convocatoria del referéndum de iniciativa popular. Sus «aperturas» al centro reformista y la izquierda moderada, no socialista, lo enfrentaron con el resto de las derechas francesas, que terminaron favoreciendo su derrota electoral en 1981, ante el candidato de la unión de la izquierda, François Mitterrand.

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Su política económica permitió a Francia afrontar con firmeza los primeros choques petrolíferos. Bajo su mandato presidencial se aprobaron los últimos presupuestos equilibrados de la historia de Francia, en permanente «desequilibrio» (déficit / deuda) desde entonces.

Trabajando en estrecha colaboración con Helmut Schdmit, antiguo canciller de Alemania, su gran cómplice, Giscard echó los fundamentos de todos los grandes capítulos de la construcción política que vendría.

La pareja Giscard – Schmidt creó el Sistema Monetario Europeo (SME), matriz de la Europa del euro. Ese difunto «eje» franco – alemán, dio otros impulsos capitales para la historia política europea: elección del Parlamento Europeo a través del sufragio universal; equilibrio de poderes entre la Comisión (órgano ejecutivo) y el Consejo de jefes de Estado y Gobierno.

Giscard oscilaba entre una Europa federal y una Europa del los Estados, convencido, siempre, que las grandes democracias y Estados europeos debían cooperar y trabajar en común, ya que en solitario, ningún aliado podría avanzar sólidamente en la nueva escena mundial.

Durante muchos años, Giscard sufrió en sus carnes una profunda incomprensión española. Durante un viaje privado a Budapest, el expresidente difunto me explicó su punto de vista en estos términos: «La prensa española tuvo un comportamiento injusto y muy agrio, fuera de lugar, acusándome de un »parón« nunca explicado. Sin duda, mi primera intención era defender los intereses y las rentas de los agricultores franceses. Pero, pero, señor Quiñonero, había otros factores muy importantes, que nadie deseó escuchar ni parecía entender. La CEE estaba en una encrucijada. La señora Thatcher quería cambiar las reglas de juego establecidas: la integración del Reino Unido se percibía confusa, imperfecta, de imprevisible futuro, como terminaría confirmándose. Y nadie sabía con precisión y claridad dónde y con quién deseaba estar el gobierno de Adolfo Suárez. En Washington y en Bonn inquietaban unas posiciones que parecían coquetear con el movimiento de los no alineados, con mensajes ambiguos y dilatorios sobre la Alianza Atlántica. Al mismo tiempo, se buscaba en Londres un apoyo no del todo comprensible en París o en Bonn, que tenían una visión de Europa muy distinta a la inglesa. ¿Qué cosa más natural, por mi parte, que pedir una clarificación que permitiese terminar con los problemas del ingreso del Reino Unido, antes de comenzar a complicar la situación de la CE con un futuro miembro que tampoco estaba claro en qué tipo de Comunidad quería participar como miembro activo..?».

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Fuente: ABC.es