La cantante australiana Kylie Minogue se casa con el galés Paul Solomons

La historia sentimental de Kylie Minogue es lo más parecido a un serial con tantos capítulos como la retahíla de novios, formales o estacionales, que la cantante y actriz australiana atesora desde que se destapara el primero, Jason Donovan, un Mickey Rooney ochentero junto al que, más allá de compartir sus primeros besos, consolidó su condición de estrella adolescente desde un culebrón llamado «Neighbours». Aquella ficción televisiva culminó en una boda que batió récords de audiencia. Y fue la única ocasión en la que vimos a Kylie Minogue vestida de novia. Corría el año 1987.

Tres décadas, algo más de una decena de parejas reconocidas y dos fallidos compromisos matrimoniales después, parece que, a sus 52 años, Kylie pasará por la vicaría. Eso según ha confirmado su entusiasmada futura suegra, Gloria Solomons, madrastra de Paul Solomons, un apuesto galés de 46 años que figura como el jefe de diseño de la revista «GQ» y junto a quien la artista cerró heridas tras el shock de enterarse por la prensa que el hombre con al que llevaría al altar, Josua Sasse, un actor británico 20 años más joven que ella, se acostaba con otra. Aquel desengaño, en 2017, le dejó sumida en la ansiedad. Según contó ella misma a «The Sun», refugiarse en la música «me ayudó a recuperar el sentido de mí misma» y Solomons, con quien empezó a salir en 2018, se consolidó como el hombre con el que «he encontrado el amor verdadero», ha dicho. La fecha de la boda aún no ha trascendido, pero lo más probable es que sea en la magnífica propiedad que Minogue tiene en la soleada Melbourne y muy lejos del pueblo minero donde la familia Solomons tiene su domicilio.

Lo cierto es que, durante mucho tiempo, el grosero pronóstico del otro hombre con el que estuvo dispuesta a casarse tuvo sonaba a maldición: «Me temo que va a acabar como una solterona con la única compañía de su gato», dijo el británico James Gooding, quien dio muy mala vida a Minogue (salieron entre 2000 y 2003) a causa de sus adicciones y sus poco disimuladas infidelidades (el tipo admitió, entre otras, haberse acostado con la modelo Sophie Dahl).

Antes de Gooding, la cantante también había roto algún que otro corazón. Sin ir más lejos, el del bueno de Jason Donovan, quien vio cómo su chica corría en brazos de Michael Hutchence, cantante de INXS, estrella musical del momento, guapo, salvaje, carismático, culto y muy adicto. Minogue reconoce que Hutchence (quien se suicidó en 1997) pasó los mejores años de su vida. Al cabo, dice, «me enseñó todo sobre el sexo».

Los 90 fueron años locos e intensos. A Hutchence siguieron Lenny Kravitz y Jean Claude Van Damme, aunque algunas voces apuntan que el rockero y la estrella del cine de acción apenas pasaron del flirteo más o menos erótico; el fotógrafo y realizador Stéphane Sednaoui, quien despojó a Minogue de su imagen de «vecinita de arriba» para vestirla de mujer fatal; Rupert Penry-Jones o Tim Jefferies, dos playboys con modales de caballeros.

Junto al actor francés Olivier Martínez, más allá de la pasión, encontró a un leal compañero con el que superó los peores años de su vida tras ser diagnosticada con un cáncer de mama. Martínez fue su amante y paño de lágrimas entre 2003 y 2007, y Kylie Minogue nunca ha dejado de reconocer su paciencia y profundo cariño «en los días oscuros», cuando se tiraba en el suelo del baño llorando. Andrés Velencoso, nuestro modelo más internacional, fue su pareja entre 2008 y 2013. Un amor estable, maduro y apacible. Rompieron, porque Minogue veía aquella relación como «un camino sin fin y sin meta. Un horizonte completamente vacío que me generaba ansiedad», reconoció en «The Sun». Pero jamás dejaron de ser amigos.

Fuente: ABC.es